El rugido silencioso de las motos eléctricas se ha convertido en la banda sonora no oficial de Gamarra. Lo que hace semanas era una rareza, hoy es una estampa cotidiana: decenas de estos vehículos circulan como hormigas entre la estación Arriola y el corazón del emporio textil, ofreciendo viajes exprés sin placas, sin cascos y, lo más grave, sin ningún tipo de supervisión estatal.
Vecinos y comerciantes del distrito de La Victoria observan con creciente preocupación cómo este transporte informal se expande al amparo de la congestión vehicular y la ausencia de controles municipales. Un reportaje de ATV documentó en terreno una realidad que las autoridades parecen mirar de reojo: la moto eléctrica se ha convertido en el nuevo mototaxi, pero con menos reglas y más riesgos.
Entre la estación Arriola y el corazón de Gamarra: el corredor del desorden
El recorrido es siempre el mismo: salen desde las inmediaciones de la estación Arriola, bordean la avenida Aviación y desembocan en las calles aledañas a Gamarra, donde la demanda de pasajeros es inagotable. Lo que distingue a estos vehículos es su aspecto impecable: muchos son recién adquiridos, con plásticos aún adheridos a los asientos, pero en ellos viajan familias completas, niños en el regazo de sus padres y adultos mayores sin caso ni protección alguna.
“Todos los días es esto, maestra. Todos los días. Es una vergüenza”, declaró a ATV un vecino del sector, mientras señalaba el incesante flujo de motos que invaden veredas y esquinas. La percepción entre los residentes es unánime: el servicio crece porque no hay quien lo frene, y porque las restricciones al tránsito en otras modalidades han empujado a conductores y pasajeros hacia esta alternativa ilegal.
Peatones atropellados y conductores en fuga: la cara más cruda de la informalidad
El peligro no es teórico. Durante una de las tomas del equipo periodístico, una transeúnte fue arrollada por una moto eléctrica justo frente a la estación Gamarra. El conductor, imposible de identificar por la ausencia de placa, intentó subir a la víctima a su vehículo para llevarla al hospital, mientras testigos gritaban desesperados.
“Se está dando a la fuga y la señora está ahí atropellada”, denunció un testigo. La escena dejó al descubierto otra falla del sistema: un fiscalizador municipal, presente en el lugar, se limitó a registrar el incidente con su teléfono móvil, sin auxiliar a la afectada ni retener al infractor. El accidente, lejos de ser aislado, refleja una cotidianidad donde la norma brilla por su ausencia y el peatón queda a merced de conductores sin ninguna obligación legal.
Municipio anuncia multas para agosto, pero historia se repite
Consultadas por ATV, las autoridades municipales de La Victoria y la Policía Nacional admitieron que sus esfuerzos de fiscalización han estado concentrados en la congestión vehicular, dejando de lado el control de las motos eléctricas. Un funcionario distrital reconoció que recién a partir del 2 de agosto se aplicarán sanciones severas a quienes no cuenten con placa, SOAT o licencia de conducir.
Sin embargo, el anuncio fue recibido con escepticismo entre los comerciantes y organizaciones vecinales. “En teoría, porque no es la primera vez que se intenta fiscalizar y queda en un saludo a la bandera”, subrayó el reportaje de ATV, que recordó los antecedentes de promesas incumplidas en materia de ordenamiento del transporte local.
Inseguridad vial y desconfianza ciudadana: el precio de la inacción
Mientras el municipio anuncia plazos, los pasajeros siguen viajando «en el aire», como describió un afectado: sin cascos, sin protecciones y con conductores que suben a las veredas y zigzaguean entre los peatones. La proliferación de este servicio, alimentada por la demanda y la falta de alternativas formales, ha instalado una sensación de desamparo en uno de los polos comerciales más importantes del país.
Los vecinos esperan que esta vez las multas se cumplan y que el control no se limite a un operativo fugaz. Pero la historia reciente les enseña que, sin voluntad política y sin un plan integral de movilidad, las motos eléctricas seguirán siendo el síntoma de un problema más profundo: la incapacidad del Estado para regular lo nuevo con las herramientas de siempre.
